No puedo más, no puedo más –me repetía a mí misma sentada en aquel banco de plaza – no puedo seguir así, este mes he llorado más que en toda mi vida – sentí una mano que apartaba el cabello de mi cara y lentamente sacaba mis manos de mi rostro. Sus ojos azules se posaron en mí, expectantes. Yo solo tragué saliva –
Voy a cortar con ella, no la soporto – Danny movió la cabeza en un gesto de desapruebo. Se encontraba en cuclillas frente a mí – Lamento lo que hizo – se levantó –
¿Y qué esperas ahora Daniel? ¿Qué me pare frente a ti y te bese y se largue a llover, como en una novela de TV? Esto es la vida real – me había parado también, para quedar frente a él. –
No, no estoy esperando eso, simplemente estoy esperando que… - posó sus manos en mi cintura y me atrajo hacia él – te dejes llevar por lo que realmente quieres –
Tú no eres lo que realmente quiero, al menos no ahora – frunció el ceño, no esperaba esa respuesta. Sus brazos me soltaron un poco, pero no del todo – Yo di todo por ti, cambié todo por una chance. –
¿Una chance? – preguntó –
Una chance de que cambiaras, pero como podemos ver, no has cambiado nada Jones. Sigues siendo el mismo cobarde y presumido que con un simple rose me vuelve loca – me alejé de Danny y comencé a caminar hacia mi casa –
¡Camila! – me gritó –No me podes dejar así. ¡Camila! – continué caminando –
Caminé unas cuadras y miré para atrás, no había rastros de Danny. Di dos pasos y me choqué con alguien. Ambos pronunciamos el nombre del otro cuando nos vimos.
Dejame explicarte, por favor. – le dije, Harry solo miraba con una ceja levantada –
No hay mucho que explicar ¿verdad? Simplemente salías con él. Simplemente me mentiste cuando me dijiste que eran ‘’viejos amigos’’. Simplemente lo seguís queriendo ¿O me equivoco? – Jamás lo había escuchado hablarme en ese tono, nunca. Me miraba fríamente a los ojos, esperando una respuesta lógica, pero de mi boca no salían nada más que sonidos que demostraban que quería hablar pero, en verdad, no podía. –
Eso… no. Lo último, eso que dijiste, no. - ¿No? ¿Estas segura de que no? – No puedo ni verlo. Juro que jamás se me hubiera ocurrido que iba a aparecer otra vez en mi vida. Es… rarísimo –
Tenemos que hablar en un lugar más tranquilo. – me dijo y comenzó caminar –
Lo único que te pido es que no me odies, que me entiendas – se formó un nudo en mi garganta que me prohibió continuar hablando –
¿Sabes que es lo peor? – negué con la cabeza – que ni siquiera puedo enojarme con vos.
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