- Harry – le susurré, el volteó a verme – tu celular está
vibrando – lo saqué del bolsillo de la campera (que estaba usando yo porque
tenía frío) y se lo entregué. El me medio sonrió y leyó el mensaje. Tiró su
cabeza para atrás en señal de ¿vagancia, quizás? Y me hizo un gesto como para
que me levantara. Yo lo miré extrañada –
¿Qué pasa? – le pregunté en voz baja, y él me hizo un gesto como ‘después te
explico’ y me tomó la mano para que me fuera con él. – ¿Vas a explicarme ahora?
– le pregunté una vez fuera de la sala –
- Necesito que me hagas un favor – dijo algo nervioso –
- ¿Favor? ¿Qué clase de favor? ¿Puedes ser más claro? –
- Tenemos que asistir a una fiesta, va a haber productores
importantes que pueden llegar a firmar contrato con nosotros y es muy
importante que vayamos, pero tiene que ser ahora – me dijo, abrí mis ojos como
plato y comencé a reír –
- No, no Judd, no. Te equivocaste, no pienso ir a una fiesta, además no estoy vestida como
para una, tengo que ir a casa y arreglarme y… – de repente sentí sus labios
sobre mí –
- ¿Por favor? – rogó. Yo dude por unos segundos, es que
enserio no quería ir –
- Esta bien pero... ¿y el beso por qué? – cuestioné. El
lanzó una risita –
- Tenía que encontrar alguna forma de callarte –
- ¡Oye! – le grité, y le propiné un no tan dulce golpe en el
brazo –
- Bueno, mira, haremos esto, te llevaré a tu casa, tú te
cambias, te pones lo que quieras, y nos vamos rápido ¿Sí? – dijo y colocó una
cara triunfante como si hubiera imaginado el mejor plan de todos los tiempos –
Accedí y fuimos a
casa. Entramos a mi cuarto y comencé con la búsqueda. Revisaba entre las cosas
de mi placard y no encontraba nada más que chupines y remeras de skater.
- ¿Por qué soy tan masculina al vestir? – me quejé, y el rió
–
- No lo sé, pero amo tu ropa – me dijo y yo reí –
- Já, te gusta porque me visto como hombre, ¿no ves? –
Mientras rebuscaba encontré un vestido negro, algo clásico, no muy provocador –
puedo ponerme esté – le dije –
- O puedes ponerte éste – me contestó levantando las cejas
de arriba abajo, y sacó del armario de Liz un hermoso vestido rojo, algo corto (vestido)–
- ¡Ni lo pienses! – le dejé en claro – no voy a ir vestida
así –
- Ok, yo simplemente voy a dejarlo aquí junto al otro – dejó
el vestido en la cama y guiñándome un ojo se retiró del cuarto para que me
cambiara –
Terminé de vestirme, colocarme los zapatos (estos) y salí de la habitación. Él me miró y sonrió.
Yo no sabía dónde meterme.
- Lindo vestido – me dijo – me agrada el color – concluyó, y
me tomó la mano rozando la tela colorada del vestido –
- No volverá a ocurrir, así que guarda esta imagen en la
cabeza – musité con algo de enojo –
- Oh, entonces espera, lo archivaré – dijo, y me dio una
vueltita examinándome – En serio, estas preciosa – me dio un beso en los labios
y se quedó mirando mis ojos –
- ¿Qué? – le pregunté esquivando su mirada –
- Nada ¿No puedo darme cuenta de que tengo una novia no
hermosa, si no perfecta? – yo reí –
- Vámonos, ya no quiero escucharte intentando seducirme como
a una niña de secundaria –le contesté y se escandalizó y me acuso de ‘persona
cruel’ yo solo reía y no podía contenerme –
Harry ni siquiera se había cambiado, solamente se había
peinado un poco y ya estaba digno de revista. Mientras conducía me quedé observándolo.
La manera en la que jugaba con su pelo, el movimiento de su nuez cuando tragaba,
sus pestañas, sus ojos… sus ojos. Dios, sus ojos.
- ¿Qué? – preguntó el risueño –
- Nada, no puedo… – iba a imitar lo que él me dijo, pero me
interrumpió –
- No, no puedes descubrir que tienes un novio no hermoso, si
no perfecto – Ambos reimos. Vaya, en el poco tiempo que había pasado, ya me
conocía bastante bien –
Llegamos al lugar y mis nervios se pusieron de punta. No
sabía qué hacer, qué decir, cómo actuar. Estaba sola, perdida en un mar de
gente en movimiento que hablaba de cosas en las cuales yo no estaba interesada.
Lo único que hice fue comenzar a mirar, allí estaba Dougie con una bolsa en su
mano. Harry me dijo que lo espere y se acercó a él. Su amigo le tendió la bolsa
y él se retiró al baño. Aparentemente era un traje, ya que todos estaban muy
elegantes.
- Vaya, vaya, vaya – dijo una voz bastante familiar –
hubiera pagado por verte con ese vestido en nuestras épocas de noviazgo – No, no
él. Dios, que no sea él, no quiero escucharlo esta noche. Me volteé a ver quién
me hablaba y suspiré –
- ¿Danny, qué demonios quieres? – me puse aún más de mal
humor cuando lo vi de traje y noté que era extremadamente sexy,
endemoniadamente lindo. Tenía una camisa blanca y un pantalón negro, mostraba
su sonrisa (esa que lleva siempre, que derrite cubitos de hielo) y estaba solo,
sin acompañamiento – ¿Y Georgia? – pregunté yo al no recibir respuesta alguna a
mi primera pregunta –
- ¿Te importa? – preguntó – te dije que la había dejado – se
acercó a mí y me tomó por la cintura –
- Danny, basta – dijo yo entre dientes, él ni se mosqueó –
- Tranquila, bonita, ya te dejo. Solamente quería saber cómo
era la tela del vestido – se excusó mientras bajaba sus manos por mis piernas,
hasta rozar un poco de mi piel. Me estremecí ante su contacto y él rió – hay cosas
que nunca cambian, muñeca – lanzó otra risita autosuficiente y se retiró –
Me quedé allí parada, con la mirada en la nada y una
expresión facial frustrada. Acomodé mi vestido y sin querer rocé la zona que
Danny había tocado. Volví a estremecerme. ¿Cómo era posible que tuviera
semejante impacto en mí? Es decir, no debería sentir el corazón acelerado cada
vez que lo tenía cerca y menos que menos debería sentir ganas de… besarlo cada
vez que me tocaba. Debería odiarlo, repudiarlo, pero no, esa personalidad
altanera que siempre tuvo me hacía caer más a sus pies.
- ¡Hola! – me dijo alegremente Giovanna - ¿Cómo estás? –
preguntó –
- Bien, muy bien ¿Y tú? ¡Hermoso vestido! – exclamé, y era
cierto. Llevaba un vestido negro, clásico, pero a ella le quedaba bárbaro –
- Oh, gracias, tu estas preciosa – contestó mi halago con
otro, y la charla inició, aunque debía admitir que en lo único en lo que
pensaba era en que quería que Daniel Jones se deshiciera de mi vestido, de mis
zapatos, de mis pantimedias, de todo, pero con sus dientes, si era posible –
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