7 de diciembre de 2011

Capítulo 25

- Oh, gracias, tu estas preciosa – contestó mi halago con otro, y la charla inició, aunque debía admitir que en lo único en lo que pensaba era en que quería que Daniel Jones se deshiciera de mi vestido, de mis zapatos, de mis pantimedias, de todo, pero con sus dientes si era posible –
- Mi amor – dijo Harry, y yo le sonreí y lo atraje hacia mí –
- Estas muy lindo – comenté y sonrió hacia el costado dejando notar que era aún más perfecto de lo que parecía. Detrás de mí escuche algunos murmullos, Dougie, Tom y Danny se acercaron –
- Aw, hacen una hermosa pareja – dijo Danny mirándome a los ojos – Me encanta ver a mi amiga feliz – yo fingí una sonrisa y ellos comenzaron a preguntarnos como nos habíamos conocido y demás. Delicadamente tomé mi celular y le envié un mensaje a Danny. Su celular sonó “Eres un cínico” y su respuesta fue “Y tú extremadamente sexy” -  ¿Me disculpan un segundo?  - pregunté y me retiré con la excusa de que quería ir al baño. Ingresé a un cubículo y coloqué mis manos sobre mi rostro –
Sentía que en cualquier momento iba a abalanzarme sobre Danny e iba a golpearlo. ¿Tanto le costaba entender que yo no quería nada con él? Era mi pasado, no mi presente. Escuche unos pasos acercarse a donde estaba, alguien tocó la puerta.
- Ocupado – respondí, pero la persona pareció no hacer caso y abrió de todos modos – ¡Daniel! – exclamé, el solo me tapó la boca –
- No grites ¿sabes lo que me costó entrar aquí sin que me vieran? – me soltó y yo volví a respirar –
- ¿Qué demonios haces aquí? ¡Vete, vete! – él puso su conocida cara de ‘no entiendo nada’ –
- Pensé que te ibas para que te siguiera – dijo acercándose a mí. La esencia de su perfume invadió mis fosas nasales. Mi corazón empezó a bombear sangre con rapidez. Estaba cerca, peligrosamente cerca. –
- Da… Danny – susurré casi sin aire – Danny, no me hagas esto – le imploré mientras intentaba alejarme de él, pero el lugar era pequeño, no había muchas formas de escapar –
- No voy a hacer nada que no quieras – contestó tomando mi barbilla y acercándome a él. Su boca se acercó a mi cuello y me rozó con su nariz. Repartió un par de besos a la altura de mi hombro y comenzó a subir dejando un camino de ellos.  Yo tragué saliva. No quería, pero a su vez me moría por hacerlo. -
Tomó el cierre de mi vestido y comenzó a jugar con él. Introdujo sus manos bajo éste y acarició mis piernas. Su cara de satisfacción era indescriptible.  Yo, por mi parte, comencé lentamente a desabrochar cada botón de su camisa. Nuestras bocas se unieron en un tan ansiado beso en el que nos devorábamos hasta el alma. Sus labios se movían con rapidez y destreza sobre los míos, parecía que estábamos hechos el uno para el otro, como si mi boca hubiera sido creada para besarlo a él y solo a él, y ahí fue cuando reaccioné.
- Danny, no – hablé rápidamente, alejándolo lo más posible de mí – Necesito que te vayas, andate – el seguía ahí de pie, esperando que le diera una razón por la cual lo había dejado así – Danny, por favor, necesito que te vayas – le dije rompiendo en llanto. El cerró su camisa y tragó saliva. Sus expresiones se tornaron arrepentidas y  se marchó dejando un delicado beso en la comisura de mi boca –
Luego de arreglarme salí, me volví a reunir con los chicos y estuvimos allí un rato más. Me sentía una bazofia. ¿Qué clase de mujer, teniendo un hombre como Harry, lo iba a engañar con un asco de ser humano como Danny? ¿Por qué me hacía esto a mí misma? ¿O peor, por qué le hacía esto a él? Si yo quería volver a sufrir con Danny, era mi problema, pero no tenía por qué arrastrar a Harry conmigo. Luego de unas horas, en las que Harry alardeó de mí con todos sus amigos (cosa que era extremadamente tierna, porque sé que no me ve como un trofeo), le dije que necesitaba algo de aire, se ofreció a acompañarme afuera, pero yo le dije que no, entonces salí sola.
Ni bien puse un pie afuera, busqué un lugar en donde tomar asiento y pensar. Limpié un poco un banco que había allí, y me senté. Me quité los tacos y como si estuviera ebria me puse a llorar, o quizás lo estaba, ya que había tomado 2 tragos que poseían un líquido rojo, en el camino del salón a la puerta. 
- ¿Por qué lloras? – preguntaron –
- ¿Es que importa? – respondí –

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