26 de octubre de 2012

Fic 2: Capítulo 1.


Allí arriba en la azotea, el clima nocturno era cálido pero a la vez frío.

-Todo estará bien, Camila, lo prometo –pronunció Jay con dulzura mientras acariciaba el cabello de su mujer.
-¡Nada estará bien Jay, nada! –gritó Camila mientras se separaba bruscamente de su cuerpo –No se como te atreves a mentirme así. No soy estúpida. ¿Acaso no te duele irte?
-¿Crees que no me duele irme? –preguntó, y el silencio se adueñó del lugar –Solo quiero que me abraces. No quiero estar solo, odio estar solo…

Jay era parte de la Marina, y cuando Camila se casó con él, sabía que tendría que aceptarlo. Lo que jamás pensó fue que debería verlo partir a la guerra.

Silenciosamente, se separaron y decidieron entrar a la casa. El pequeño Michael, hijo de Jay y Camila, estaba durmiendo. Tenía solamente 1 año.

-¿Puedes ayudarme a hacer mis valijas?
-Si no tengo otra opción, lo haré –dijo ella de mal modo.

Jay no estaba seguro de lo que sentía. Creía que le dolía más el enojo de su propia mujer que el hecho de tener que abandonarla a ella y a su hijo. Él volvería, estaba seguro de eso. Planeaba luchar con todas sus fuerzas para sobrevivir, pero claramente Camila estaba asustada. No todos los días tienes que ver como el amor de tu vida se marcha por la puerta con un gran riesgo de fallecer en batalla.

-No quiero que te enojes conmigo –dijo Jay abrazándola por detrás mientras ella buscaba algo entre los cajones. –Prométeme que irás a despedirme mañana y prométeme que dormiremos juntos esta noche. No quiero irme de aquí si tu estas enojada conmigo –concluyó, y su respiración hacía cosquillas en el cuello de Camila.
-Entonces quizás deba enojarme, así no te vas de aquí –dijo ella y se volteó, dándole un profundo beso en los labios.
-Te amo.
-Yo también.

La noche fue tensa. Se había desatado una tormenta eléctrica y Jay le había pedido a Camila simplemente acostarse a escuchar los truenos. Durmieron juntos, abrazados como dos piezas de rompecabezas que encajaban a la perfección.

A la mañana siguiente, una vez que Jay terminó de preparar el bolso, partieron los tres juntos a despedir a su padre.

-Bueno…-comenzó Jay- Llegó el momento, ¿no?
-Adiós, Jay –dijo ella amargamente sin presentar ninguna emoción. Y con su hijo en brazos, le dio un pequeño beso en la comisura de la boca.
-¿Es así como planeas despedirte de mí? –preguntó él enfadado. No comprendía la indiferencia, y le hacía daño.
-¿Y como quieres que te salude, con un beso en la boca como si todo estuviera bien? –Las lágrimas que Camila había intentando contener, salieron todas juntas en un sonoro sollozo.
-Te amo a ti y a Michael, ¿es que no lo entiendes? –le grió Jay y la besó en la boca. Camila creía que se iba a desmallar allí. La intensidad de ese beso la estaba matando. Temía que eso fuera un Adiós.

Volveré, lo prometo. Fueron las últimas palabras que le oyó decir a Jay, y eran mentira.  A solo un mes de su partida, un comunicado había llegado a la casa y la había dejado en estado de shock. Jay estaba desaparecido.
Esa misma noche, Michael no paraba de llorar. Camila recordaba la facilidad que tenía su marido para hacerlo dormir. La forma en la que lo tomaba en sus brazos y, tarareándole una canción, lograba que el niño dejara de lamentarse y se durmiera tranquilamente.
Extrañaba tantas cosas de Jay, sus brazos, su sonrisa, sus ojos, sus rulos en los que tantas veces ella había enterrado sus manos. Sus besos y la manera en la que reía entre ellos. El sonido de su voz mientras cantaba en la ducha, usualmente The Fear. Sus caricias.

Y así, pensando en él, calló en un sueño profundo junto con su pequeño hijo, que no paraba de preguntar “¿papi?”

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