<< ¿Por qué no
nos cuentas lo que pasa? – preguntó el rubio, que escuchó atentamente junto con
su prometida toda la historia que Camila tenía para contar>>
Me desperté con un dolor de cabeza impresionante, abrí mis
ojos y me tomó unos segundos asimilar que me encontraba en la casa de Tom y que
había dormido en el sofá. Giovanna se me acercó con una taza de café y una
aspirina.
- Supongo que la necesitas – me dijo como si me leyera la
mente. La tomé y le agradecí con una sonrisa – ¿Estas mejor? – preguntó. Yo
hice un gesto de ‘mas o menos’ – Todo estará bien, Cam, ya verás –
Luego de saludar a Tom y agradecerle a ambos por haberme
dejado dormir allí y por haberme escuchado, me dirigí a mi casa. Toqué timbre y
Liz abrió.
- ¿Dónde estabas? – me preguntó mientras me hizo pasar -
¿qué pasó con tus llaves?... ¿Y por qué tu maquillaje se ve tan mal? –
bombardeó preguntas una vez subimos la
escalera –
- Estaba en la casa de Giovanna y Tom, amigos de Harry,
olvidé las llaves en casa de Judd y estuve llorando toda la noche – respondí tirándome
sobre el sofá –
- Eso explica el maquillaje – Elizabeth hizo un gesto de
desaprobación con la cabeza –
- Liz, lo que menos me importa ahora es mi maquillaje –
respondí de malhumor. Ella me miró extrañada –
- ¿Pero que está pasando? – le conté con lujo de detalles
mientras lloraba y comía helado de un pote que ella me había dado. La expresión
facial de mi amiga dejaba en claro que estaba apunto de darme una golpiza –
- No puedo creer esto – dijo y prosiguió – ¿Qué vas a hacer
ahora, Camila? ¿Vas a dejarlo todo así o…? – su pregunta quedó resonando en mi
cabeza mientras me duchaba, no le había respondido y Liz se había tenido que ir
urgentemente a solucionar unos problemas en el trabajo. Y entonces la idea se cruzó por mi cabeza.
Quizás esa sea la única solución –
Esperé ansiosa a que Liz llegara mientras ordenaba todo y
cocinaba algo para ambas. El estudio fotográfico en el que Elizabeth trabajaba
tenía varias sucursales en todo Reino Unido, era un lugar bastante prestigioso
y ella tenía un puesto bastante alto.
Luego de unas horas, cuando llegó a casa, la abordé.
- Liz… tenemos que hablar – dije rápida y decididamente –
- ¿Quieres terminar conmigo? – dijo ella riendo, yo me
carcajeé y luego recobré la compostura –
- Es serio, Liz – ella dejó su bolso y se sentó junto a mi
en la mesa. Dio un bocado a la comida que yo había preparado y levantó un
pulgar con aprobación. Yo, por mi parte, tenía el estómago cerrado. No sabía
como iba a reaccionar mi amiga de toda la vida frente a esta idea algo
descabellada –
- ¿Crees que esa es la mejor solución? – dijo luego de haber
escuchado todo mi plan - ¿Sabes? No estoy de acuerdo, pero si crees que es lo
mejor yo… Cami, sabes que te quiero y por eso voy a aceptarlo, deseo lo mejor
para ti, no quiero que nada malo te ocurra y… está bien, estoy en esto contigo –
la abracé como nunca antes lo había hecho, ella fingió toser –
- Me ahogas con tanto amor, Cam – reí con ganas, una
verdadera risa – ¿Tengo que aceptar tus ideas locas para que me quieras? –
volvimos a reír y cada una se fue a su cuarto, ella para ordenar sus papeles y yo…
para empacar –
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