30 de julio de 2011

Capítulo 1

¿Camila, estas si quera escuchándome? – me preguntó Elizabeth,  a lo que yo respondí con un sutil asentimiento de cabeza – Bueno, pues no parece – me contestó indignada –
-          Mira, hay nuevos vecinos – le dije – por eso no te estaba escuchando, estoy intentando ver quien se muda al edificio – le comenté –
-          Oh, entonces admites que no estabas escuchándome en verdad. – replicó. ¡Vamos Elizabeth, tu tampoco escuchas mucho que digamos! Pensé yo –
-          Como sea, ya – intenté restar importancia al asunto, ya que, en verdad, no era importante. El nuevo vecino, o nueva, aun no lo sabía, bajaba del coche. – Un muchacho. – le comenté a mi amiga, que al parecer, también miraba hacia afuera –
-          Sí, lo he notado. – me contestó – al parecer es músico – volví mi vista a la ventana. Un muchacho rubio cargaba con algo que parecía ser una parte de una batería.  Se lo dio a otro que rápidamente se dio media vuelta he ingresó al edificio. –
-          Se acabó la diversión, si entran ya no veremos nada. – dejé notar lo obvio –
-          Oh, bueno, de todos modos ya tengo que irme, al parecer no estas de humor como para escucharme – me dijo en un tono sarcástico –
-          Adiós, Elizabeth, nos vemos mañana. – la acompañé hacia la puerta, me dio un abrazo, y se fue –

Cuando salí a despedir a Elizabeth, mi actual mejor amiga, vi a un muchacho que cargaba con algo, noté que era el nuevo vecino. Lo vi entrar al departamento 4, que estaba frente al mío.  - ¡Genial! – Pensé – ahora voy a tener un vecino ruidoso con su batería a todo lo que da –
Me tiré en el sillón esperando a que algo divertido se apareciera, el día estaba aburrido, demasiado para ser sincera.  - ¿Por qué no ir a visitar al nuevo inquilino? – Pensé en voz alta – Quizá esté igual de aburrido que yo –
Me dispuse a cambiarme, no iba a ir a ver a una persona que no conocía con una remera diez tallas más grandes que las que realmente necesito y un pantalón azul que se me caía ni bien hacia dos pasos.  Una remera con el estampado “Fuck Off” y unos jeans negros  fueron mi elección, acompañados por unas hermosas Vans que hacían juego.
Salí al pasillo del edificio, la puerta del depto. 4 estaba abierta. Lentamente me fui acercando. Estaba silencioso, al parecer el chico estaba solo, sus amigos ya se habían ido. Asomé mi cabeza.
Un chico de cabellos castaños estaba parado en la habitación, ojos azules y boca pequeña. Era flaco y musculoso. Tenía una remera negra y unos jeans. Unas vans iguales a las mías estaban en sus pies. - ¿es que me visto como hombre? – Pensé para mis adentros –  Comencé a seguir sus movimientos con la mirada, sí que era lindo...y torpe. Estuve cinco minutos observándolo y cuando me decidí a entrar para decir un amistoso ¡hola! la voz de un muchacho retumbó por la sala.
-          ¡Hey, Harry, he tenido el privilegio de ser el primero en mear en tu baño! – un chico de ojos celestes y pelo marrón balbuceó esas palabas con una gran sonrisa –
-          ¿Dónde están los demás?  - preguntó el vecino, que al parecer se llamaba Harry –
-          Se quedaron terminando de desempacar las cosas en el auto, están subiendo las escaleras ahora mismo, de seguro. –
¿Subiendo las escaleras? Ok, me retiro.  No es por nada, pero no iba a hablar con el vecino frente a otros tres seres humanos, no quería socializar con una banda de chicos heavymetaleros, aunque… no sé si son así, quizás eran fan de los Beatles, pero de todos modos no quería socializar.
Entré a mi casa y cerré la puerta tras de mí. Me desplomé sobre el sillón buscando otra cosa para hacer. No sé si fue por el aburrimiento, o si de verdad tenía sueño, solo sé que me quedé dormida hasta la mañana siguiente.
Despegué mi cuerpo del sillón, vaya que estaba pegajosa, podría jurar que se escuchaba el ruido cuando me levantaba, como cuando intentas despegar un chicle de tu zapatilla.  Decidí tomar un baño rápido. Miré el reloj, 5 para las 8, debía correr.
Luego de una reconfortante ducha me cambié y salí a mil por hora de mi casa, tomé el ascensor. Allí estaba, el muchacho del departamento 4.  Lo miré. Pensé en decirle – Hola, soy tu nueva vecina, ¿Qué tal el edificio, te agrada? Pero cuando dirigió su mirada me quedé muda. Aparté mí vista de él y esperé tortuosamente a que el ascensor llegara a planta baja.
Llegué a mi trabajo con una tonta sonrisa en mi cara, no sé qué fue lo que pasó, pero me había quedado idiota desde qué “Harry” me miró.  Me negaba, rotundamente, a si quiera imaginar que me atraía, ya había tenido demasiadas desilusiones con muchachos como para tener un repentino enamoramiento con mi vecino, no, esto no podía ser así.

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