30 de julio de 2011

Capítulo 4

Por suerte, había decidido bañarme la noche anterior, así tendría más tiempo para arreglarme.  Me probé la ropa que Elizabeth me había prestado, pero no me gustó del todo. Esa minifalda no iba con mi estilo. Elegí unos pantalones negros y una remera blanca al cuerpo, que decía: New Found Glory, nombre de una de mis bandas favoritas, y salí. Menos de dos segundos después estaba adentro otra vez, al parecer el frío londinense estaba presente, así que decidí ponerme un chaleco sobre todo eso, ¿el color? Negro también, por supuesto.
Caminé hacia el ascensor pensando en qué decirle cuando lo viera, pero no estaba allí. Esperé unos diez minutos, pero él jamás apareció, había faltado a la cita de la que él no estaba enterado pero yo sí.  ERA MI CITA MENTAL, ERA LA PRIMERA VEZ QUE CRUZARÍAMOS PALABRAS PERO NO, TODO SE FUE AL MISMISIMO CARAJO.
El ambiente estaba tenso en la oficina, todos estaban cabizbajos, yo no era la excepción, ya que todo había salido más que al revés.  Dijeron mi nombre por el altoparlante de la oficina del jefe, miré extrañada para los dos lados, todo el mundo miraba hacia donde yo estaba, no entendía que estaba pasando.
-          Señor Jefferson ¿quería usted verme? – pregunté educada a mi jefe, que me miró firmemente y me dijo que me sentara –
-          Sí, sí De Gracia, quería verla.  – me miró frío, tanto, que sentí que una muy mala noticia se avecinaba. –
-          ¿Qué es lo que ocurre señor? ¿Hice algo mal? – pregunté. Lo último que quería era perder mi trabajo –
-          Nos han dicho que debíamos prescindir de 10 personas de la empresa, ya que no nos está yendo bien, y usted es una de esas personas. –
-          Pero… pe-pero… no es posible, yo no he hecho nada malo. – repliqué. No podía perder este trabajo, no sabía hacer nada más aparte de esto. –
-          Oh no, señorita  De Gracia, al contrario, usted es muy buena en sus labores, pero hay que acortar gastos y por esa razón hemos decidido despedir a todos los asistentes y secretarios. Vamos a lamentar mucho su perdida. –
-          Oh… está bien, yo...em – pensé, y luego de unos segundos reaccioné - ¿SABE? NO, NO ESTÁ BIEN. SI TAN BUENA FUI DEBERÍAN DEJARME AQUÍ. TRABAJO HACE TRES AÑOS EN ESTE PUTREFACTO LUGAR SOPORTANDO QUE ME GRITE POR HORAS POR UN SIMPLE ERROR DE TIPEO, ¿NO CREE QUE MEREZCO ALGO MÁS? – le grité expulsando todo lo que sentía, él ni se inmutó - ¿sabe qué?  Hágame un favor y vayase a la mierda.
Me  retiré enojada de la oficina, tomé mis cosas y me largué. Muchos se quedaron sorprendidos, tanto que decidieron seguirme para ver qué había pasado. Los mandé a volar, ellos me miraban porque sabían que me despedirían.  Decidí sentarme en un banco de una plaza cercana, y de repente me vi llorando como una niña pequeña sin sus padres. ¿Qué iba a hacer ahora? No tenía trabajo, no tenía a donde ir. Básicamente estaba perdida, ya que sin trabajo no hay manera de que pague la renta del edificio.  Coloqué las manos en mi cara y un llanto silencioso brotó de mí otra vez.  Sentí que el banco se movía, de seguro alguien se había sentado al lado mío.

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