Comencé a inspeccionar mi armario… ¿Jeans y remera? ¿Una pollera con calzas? ¿Un vestido? ¿Qué tal una bolsa en la cabeza? Iba a conocer a sus amigos, era importante.
- ¿Qué tal si no les caigo bien, Liz? – Elizabeth estaba conmigo, ayudándome a encontrar la ropa adecuada. La pobre ya debía tener el cerebro calcinado por todas las cosas que le estaba diciendo. Prácticamente casi ni respiraba al hablar –
- Todo va a estar bien Cami. ¿Por qué crees que algo debería salir mal? Siempre tú y tu pesimismo. –
- Es que… es que… es que… Imagina lo horrible que sería hacer el ridículo frente a alguno de ellos. – dije con espanto. Liz me miraba consternada –
- Lo sé, me ha pasado varias veces. Sabes lo torpe que soy cuando estoy frente al chico que me gusta, pero sin embargo nadie ha cortado conmigo por eso, tienes que confiar. – sentenció, y con sus expresiones le dio fin a la conversación –
Las ocho en punto fueron marcadas en el reloj. Mi estómago comenzó a dar vueltas y vueltas. Había elegido una vestimenta normal. Tenía un pantalón negro de jean, y una remera gris con una estampa bonita. Mis borcegos, infaltables. El timbre sonó y mi corazón comenzó a acelerarse.
- Liz, ve a abrir. – exclamé mientras me miraba al espejo. –
- Estas hermosa ¿Por qué no le abres tú? –
- Elizabeth, no molestes y ve a abrir. –
Los pasos de Liz en la escalera eran lo único que se escuchaba en la casa, eso y mis latidos, porque apuesto a que se podían oír hasta en la distancia. Entró a mi cuarto luego de unos minutos con una sonrisa en la casa, me guiñó el ojo y me señaló la puerta.
- ¿Está ahí? – le pregunté, con horror. –
- Aham – respondió. – Suerte – sus palabras no me hacían sentir más confiada, lo aseguro. Abrí la puerta y la figura que antes estaba sentada en una silla, se levantó. –
- Wow. – fue lo primero que escuché decir cuando entré. – Estas muy… linda. – dijo tímidamente, yo por mi parte me puse más roja que un tomate. –
- Bien, ¿Qué tal si nos vamos ya? – preguntó ansioso –
- Ok, salgamos.
El camino fue algo silencioso, ninguno de los dos decía mucho. De todos modos no era incómodo, creo que nuestros ojos hablaban por nosotros mismos.
Llegamos al lugar, era lindo, como para unas 300 personas. Harry me llevó por un pasillo hasta que frenamos en una puerta y mi cara cambió radicalmente. Él lo notó.
- ¿Pasa algo? – preguntó. Yo, casi ni podía responderle –
- Nada… solamente estoy algo nerviosa, esto de conocer a tus amigos me hace sentir bajo presión – contesté –
- Vamos, todo estará bien ¿Si? – le dio un empujoncito a la puerta y la abrió, tres personas charlaban animadamente. Dos sentados en un sillón, otro de espaldas mirando hacia una ventana. –
- Miren quien llegó – dijo el rubio. Tenía los ojos marrones y un hoyuelo pronunciado. Harry lo saludó – Oh, ¿Y quién es esta señorita? – dijo refiriéndose a mí –
- Em… soy Camila … em… amiga de Harry. – respondí nerviosa –
- Así que tú eres la famosa Camila, un placer conocerte. Soy Tom – Lo saludé. Acto seguido otro muchacho se acercó a nosotros, era de estatura normal, también rubio y con ojos celestes. Me saludó y se presentó como “El sexy bajista” luego Tom dijo: “es solo Dougie”. Mientras todo esto ocurría, el chico que miraba hacia la ventana aún estaba mirando hacia allá, hasta que Tom lo llamó, entonces por primera vez lo vi, en realidad, no era la primera vez que lo veía. Ni la segunda, ni la tercera –
- ¿Camila? – dijo él con una expresión incómoda en su rostro –
- ¿Daniel? – respondí con mi mayor sorpresa, y con desagrado –
- ¿Se conocen? – preguntó Harry, que no entendía nada de lo que estaba ocurriendo –
- Sí, ella es mi e… -
- Amiga, éramos amigos en el colegio – respondí yo evitando que Danny dijera la palabra EX. –
- ¡Qué coincidencia! – dijo Dougie. Luego la conversación tomó otro rumbo, pero yo estaba bastante distraía. Estábamos sentados, yo al lado de Harry, luego Tom. En frente Dougie y Danny. El brazo de Harry estaba en mi cintura, y cada tanto Danny miraba a ver si seguía allí. Cruzamos miradas varias veces, era incomodo, no puedo negarlo. Los ojos de Danny siempre me habían provocado un estremecimiento, eran demasiado profundos. Un muchacho entró al cuarto –
- Chicos, los llama el dueño. – comentó, y los chicos, incluyendo Harry, siguieron al hombre. –
- Ahora los alcanzo – dijo Danny, y se quedó a mi lado observándome – No has cambiado nada. – comentó tomándome de la barbilla. Mi incomodidad estaba al límite. Empujé su mano y el prosiguió – Así que este ha sido tu siguiente paso… pensé que Harry no era de tu estilo. –
- No, Jones, tú no fuiste de mi estilo.
- ¿Entonces fui una excepción a la regla? – preguntó con una ceja levantada –
- Sí, no suelo salir con idiotas. – respondí fríamente –
- ¡Oh! Puedo asegurarte que en eso si has cambiado, no solías responderme así – comentó - ¿Sabes? – Iba a continuar cuando Harry entró diciendo que ya tenían que salir a escena. El miró a Harry, luego a mí y dijo – ven, te llevo a tu lugar – Harry le dijo que él me llevaría y así se retiró del cuarto. –
- Jamás imaginé que conocías a Danny – me dijo Harry –
- Sí… yo jamás imaginé que iba a volver a verlo. – respondí con obviedad. –
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