Bip, bip bip bip bip, bip.
- ¿Qué demonios es ese sonido? – murmuré, hasta que noté que era el despertador que sonaba para torturarme –
No es que yo odiara mi trabajo, simplemente me gustaría levantarme unas cinco horas más tarde. Llevé a cabo mi rutina normal, y una vez estuve lista, salí de mi departamento. Vivía en el piso uno, pero sin embargo, tomaba el ascensor, subir esa escalera todos los días de seguro me mataría.
Apreté el botón y subí pero cuando la puerta se estaba por cerrar otro cuerpo se interpuso, al parecer, estaba apurado. Hablaba por celular.
- Si, Dougie, lo sé, sí, estoy subiendo al ascensor ahora mismo, ¿sabes? Mejor hablamos cuando llego, adiós.
Reconocí la voz, y luego de mirarlo con atención me cercioré. Era él. Muy bien Camila, esta es tu oportunidad, ve y háblale… háblale. ¡POR DIOS, DI ALGO DE GRACIA! No, lo siento voz de mi interior proveniente de mi cerebro, pero no es el momento, creo que esta apurado y… no lo voy a hacer perder el tiempo. EL MALDITO ASCENSOR VA A LLEGAR, TIENES QUE ABRIR TU BOCA O PROMETO QUE HARÉ DESASTRES CON TU HÍGADO. Ok, está bien, está bien, voy a hacerlo.
- … - hice el gesto de abrir la boca, pero nada salió - … - probé otra vez, pero nada, hasta que tomé una fuerte bocanada de aire y dije – Hola, soy Camila, vivo en el departamento frente al tuyo, ¿Te agrada el lugar? – abrí los ojos, los cuales había mantenido cerrados por los nervios, pero no había nadie. GENIAL, LE HABÍA HABLADO A LA NADA. –
Caminé hacia mi trabajo avergonzada de mi misma. Tanto había tardado que él ya no estaba allí. Definitivamente Elizabeth tenía que tomar cartas en el asunto, ella siempre me ayudaba cuando tenía un problema como este.
Trabajo, papeles, y por fin luego de seis horas hogar dulce hogar. Elizabeth dijo que pasaría por mí al trabajo, así que decidí esperarla en la puerta. Ni bien vi el auto me acerqué, ella bajó la ventanilla y dijo:
- Aquí llega tu salvadora, Cami. – con un movimiento de cabeza me mostró el asiento del copiloto. Me senté y comencé a contarle todo lo ocurrido en estos días –
- Y para cuando pude articular palabra, él ya se había ido – le conté el último acontecimiento. – No sé qué hacer, Elizabeth, de verdad necesito que me des una mano. – dije sincera. –
- Bien – se quedó pensativa por unos momentos, ella sabía que era muy difícil para mí hablar con algún chico que me atraiga, y es más, sabe que es difícil que me atraigan chicos, sabe que no soy de mirar mucho a mi alrededor – Lo primero que tenemos que hacer es lograr que confíes en lo que eres. – la miré con una ceja levantada ¿iba a psicoanalizarme? – No vayas a atreverte a decirme que confías en ti misma – amenazó – Sé bien que la razón por la cual no hablas con este muchacho es porque no te crees bonita. – Ok, tenía razón, me había cachado por completa. Es que ¿qué clase de ser humano se va a fijar en una chica como yo? No tengo linda cara ni un lindo trasero que llame la atención. –
El resto del camino fue silencioso, supongo que ambas nos habíamos quedado pensando en cómo hacer que confíe en mí misma. Al llegar a casa, nos tiramos en el sofá.
- Y bien, ¿Cómo es él, tienes alguna idea? – preguntó. Yo me quedé pensando en cuan poco lo conocía –
- Bueno… en realidad no sé nada, solo sé que toca la batería y le gusta Blink 128, o al menos eso parecía, tenía una remera de ellos – comenté. Vaya, esto va a ser difícil. ¿Cómo voy a atraerle a un chico que ni siquiera sabe que existo? –
- ¡Genial! – exclamó – tienen dos puntos en común. Perfecto para sacar una conversación –
Y así continuó el día, entre idas y vueltas, entre vueltas e idas, llegamos a la conclusión de que mañana tengo que hablarle, sea del tema que sea, pero al menos decirle hola.
Luego de unas horas Liz, como solía decirle yo, se retiró de mi casa. Me había dejado algunos tips de maquillaje y me había dado algo de su ropa para ponerme. Mañana sería el día… si es que podía despertarme, ya que cuando dejé que mi cuerpo cayera en la cama, ya a las 12:00 pm, mis ojos no se cerraban ni con pegamento. No sé si eran nervios o qué, simplemente no podía dormir. Giré y giré, pero no dio resultado. Y si no dormía no me despertaría a la mañana siguiente.
A la mañana siguiente, cuando sonó el despertador, comprobé que a final de cuentas, algo había dormido. Me destapé y dirigí mi mirada al espejo, hoy, justo y particularmente HOY, tenía una cara de dormida que mandaría de vuelta a la tumba a un zombie.
- ¡GENIAL! – grité frente al espejo, mientras tomaba mi maquillaje y comenzaba a hacer mi trabajo -
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