- Si eres de la oficina, hazme el favor de tirarte a un pozo y no fingir preocupación por mí – balbuceé en mi peor estado –
- ¿Y qué pasa si no soy de la oficina? – esa voz, esa voz era LA voz. Levanté de a poco mi cabeza y saqué las manos de mi rostro. –
- Ehm, hola. Tú eres el del depto. 4 ¿cierto? - Y esa era la primera vez que le hablaba. Bien Cami, has mejorado. –
- Si, ese soy yo. Y tú eres la amiga de Bob ¿cierto? – preguntó él sonriente. Así que me había reconocido. –
- Exacto. – respondí yo. Por dios, si seguía dedicándome esas sonrisas moriría de un paro cardíaco en ese mismo instante. –
- ¿Y por qué lloras? – me preguntó. – Odio ver a la gente llorar. –
- Nada, simplemente hoy no es un buen día. – le comenté limpiándome las lágrimas de los ojos –
- Bien, ¿Qué tal si mejoro tu día invitándote a un café? – ¿dijo INVITANDOTE? Oh por Dios. Estaba invitándome a tomar algo. Pellízquenme, es que debo estar soñando. –
- ¿Y qué dijo que eso mejorará mi día? – el me miró extrañado, luego miró apenado hacia el suelo – Es broma, claro que lo mejoraría – le sonreí de la forma más sincera, ya que es cierto, eso mejoraría mi día –
- Entonces vamos a un Starbucks, ese lugar mejora el día de cualquiera. – reí ante semejante verdad. No hay nada más rico que tomar algo en un Starbucks.
Nos dirigimos hacia el lugar pactado. Hablamos de miles de cosas, entre estas de que nuestras zapatillas eran iguales. El abrió la puerta y me dejó pasar a mi primero, luego ingresó el también al lugar. Pedimos nuestras respectivas cosas y nos sentamos en una mesa contigua a la ventana a esperar.
- Y bien, ¿qué es lo que hizo que lloraras? Debe haber sido algo importante. – preguntó él con curiosidad. – Si es que quieres decirme – se adelantó, al parecer no quería quedar como un chismoso. –
- Bien… digamos que el comienzo de la mañana no fue muy bueno que digamos, ahí ya empezamos mal, luego cuando llego a mi trabajo me dicen que estoy despedida, y eso ya lo empeoró todo. No sé cómo haré con el alquiler, no sé cómo haré para sobrevivir, no sé nada. – le conté. –
- ¿Y tus padres? – me dijo – quizás puedas estar con ellos un tiempo hasta que consigas un nuevo empleo. – mis ojos se cristalizaron ni bien terminó la frase. Me quedé muda por unos segundos – Oye, ¿estás bien? Perdóname si toqué algún tema sensible. –
- No… todo está bien, es que… recordé algunas cosas. – Por suerte la mesera había llegado y pudimos cambiar de tema, no quería largarme a llorar frente a un extraño total. –
El día fue muy entretenido. Estuvimos charlando alrededor de 2 horas, 2 horas y media. Era un chico muy gracioso y lindo, sobre todo lindo. Quería pagar todo, pero yo no se lo quería permitir.
- No, no vas a pagar todo tú. – le dije fingiendo enojo. Él me miró y me hizo un gesto, como restando importancia a lo que dije – No, Harry, no. – repliqué –
- Está bien Camila, haz lo que quieras. – me dijo. Yo saqué la billetera, pero de repente, con un movimiento hábil, me la arrebató de las manos y la puso en su bolsillo, fue hacia la caja y pagó. –
- Dime que gastaste algo de mi dinero. – le dije –
- Nopo. –contestó el poniendo una cara de niño chico. –
- Bueno, entonces si no me dejas pagar ahora para la próxima pago yo. – dije. PROXIMA, acababa de dejar en claro que quería que ocurriera una próxima, él sonrió. –
- Trato hecho. Tenemos que arreglar la fecha de esa próxima. – ¿Estaba aceptando mi accidental invitación? –
- ¿Qué tal el sábado? – respondí. Wow Cami – dijo mi conciencia – Estas diferente, y eso es bueno. –
- Definitivamente. Voy a tocar timbre en tu departamento. ¿Es el 2, no? – asentí con mi cabeza y luego de un beso en su mejilla salí del lugar. –
- Hey, espera – me siguió – te acompaño, vivimos en el mismo lugar. –
- No - respondí yo – ahora mismo me voy a la casa de una amiga y es para el otro lado así que bueno… adiós – saludé y esta vez él me dio un beso en la mejilla que me produjo mariposas, miles de ellas, en el estómago. –
- Adiós, mi lady, ha sido un placer tomar un frapuccino con usted. – me sonrió ampliamente y se fue –
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